3 motivos para continuar la investigación de la vacuna contra el COVID-19

Una infografía que describe 3 motivos para continuar la investigación de la vacuna COVID-19. El texto a continuación describe completamente el contenido gráfico.
Crédito: Cody Shipman, CoVPN

Hay más de 7 mil millones de personas en el mundo. El COVID-19 afecta a todas ellas, por lo que necesitamos vacunas para poner fin a la pandemia. Ahora que ya contamos con vacunas que han demostrado ser muy eficaces en la prevención de la enfermedad grave de COVID-19, ¿por qué necesitamos seguir realizando investigaciones sobre las vacunas contra esta enfermedad?

Hay tres motivos principales:

  1. Si encontramos varias vacunas que funcionen, podemos ponerle fin a la pandemia más pronto. Si encontramos varias vacunas que funcionen, podemos poner fin a la pandemia más pronto. Las compañías que fabrican vacunas sólo pueden producir determinada cantidad en un período breve. Si sólo funciona el producto de una compañía, les tomará más tiempo producir dosis suficientes para toda la población mundial. Sin embargo, si varias compañías tienen productos exitosos, podrán trabajar juntas para producir dosis suficientes para todos los habitantes del mundo. En pocas palabras, los rápidos avances de la ciencia han rebasado la capacidad de la cadena de suministro, lo que significa que incluso con las aprobaciones de las vacunas de Moderna y Pfizer, las compañías consideran que sólo tendrán dosis suficientes para que 100 millones de personas sean vacunadas a finales de la primavera del año 2021. Aunque parezcan muchas dosis, sólo serán suficiente para vacunar a menos de la mitad de los adultos en los Estados Unidos. Ni siquiera alcanzarán para vacunar a todas las personas del nivel más alto de prioridad, como trabajadores de atención médica de primera línea, adultos mayores, personas con afecciones médicas graves y trabajadores esenciales. La única solución a esta escasez es desarrollar más vacunas. Tenemos la esperanza de que podremos contar con más opciones de vacunas en el corto plazo, pero no lo lograremos sin la ayuda de voluntarios que quieran participar en los estudios restantes.
  2. Además de satisfacer la demanda, también necesitamos vacunas que funcionen para numerosos tipos de personas de todo el mundo. Las vacunas podrían actuar de forma diferente en función de la edad o el estado de salud de cada individuo. Cabe la posibilidad de que una vacuna no funcione lo suficientemente bien para todos esos grupos. Necesitamos tener la certeza de que las vacunas funcionen para las comunidades más afectadas por el COVID-19, como las minorías raciales y étnicas, los adultos de más de 65 años de edad y las personas con afecciones médicas preexistentes. La investigación continua ayudará a identificar maneras de reducir la gravedad de esta enfermedad, de modo que las personas no se enfermen tan gravemente y puedan recuperarse más rápido, lo que reduce la necesidad de hospitalizarlas y evita que mueran. También tenemos la esperanza de prevenir infecciones nuevas y disminuir su transmisión.
  3. Aún necesitamos reunir más datos en un período más prolongado para poder responder a las preguntas principales. Actualmente, sabemos que las vacunas de Moderna y Pfizer son muy eficaces en la prevención de la enfermedad grave por COVID-19. Sin embargo, aún necesitamos reunir más datos en un período más prolongado para saber si: (a) la vacuna puede prevenir una infección por el SARS-CoV-2; y (b) por cuánto tiempo la vacuna ayuda a que el sistema inmunitario combata el virus. En conclusión, necesitamos continuar realizando ensayos aleatorizados, enmascarados y controlados con placebo para responder a estas preguntas. Cuando una persona se inscribe en nuestros estudios, el hecho de que reciba el producto de la vacuna o el placebo (la solución salina) se decide al azar, y ni el participante ni el personal del estudio saben quién recibe la vacuna y quién el placebo, ya que son “ciegos”. Los estudios con este diseño son los mejores para demostrar si una vacuna funciona. Las personas que se inscriben en nuestros estudios suelen tener mayor probabilidad de estar expuestas al virus en comparación con otros individuos debido a aspectos como el tipo de trabajo que realizan. Pueden tener mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad de COVID-19 grave debido a su edad o a las afecciones médicas subyacentes que tienen. Esto significa que algunos participantes de nuestros estudios contraerán el COVID-19 y llevaremos un registro de quienes se enfermen. Una vez que el estudio haya avanzado lo suficiente, evaluaremos si hay una diferencia lo suficientemente considerable entre quienes recibieron la vacuna y quienes recibieron el placebo. Si se observan menos personas enfermas en el grupo que recibió la vacuna que en el grupo que recibió el placebo, sabremos si la vacuna funciona.

Los patrocinadores de cada ensayo han asumido el compromiso de que si la vacuna demuestra ser segura y eficaz y es aprobada por la FDA, pondrán la vacuna a disposición de los participantes en el grupo del placebo. Esto se explica durante el proceso de consentimiento informado cuando una persona está analizando la posibilidad de ingresar a un estudio. Los participantes también reciben información nueva y actualizada, como la aprobación por parte de la FDA, que deben saber durante el curso de un estudio. Las personas que estén inscritas en un estudio y estén interesadas en recibir una vacuna distinta que pueda estar disponible deben hablar con el equipo del estudio en el que participan. Esto es posible y el equipo del estudio puede orientar a los participantes.

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